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29 abr 2017

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ARCO como niños

Marta del Riego Anta

“¿Cuánto cuesta?”, pregunta una pareja de alemanes señalando una obra de arte. La galerista consulta un grueso archivador: “5.000 euros”. “¿Pero podría hacernos un descuento, verdad?”. La galerista no se sorprende lo más mínimo. “¿Hum, qué régimen fiscal tienen ustedes?”. Esta conversación la escuché en ARCO en el stand de una reputada galería española hace una semanas. Y aunque no sé cómo terminó, lo que sí me dejó claro es que el arte es negocio y ARCO, un mercado-almacén. Cierto que sus visitantes son más exquisitos, que algunas señoras llevan bolsos de Hermès que cuestan tanto como las obras que compran, que los caballeros presumen de relojes Audemars Piguet, que corre el champán Veuve Clicqot en la sala vip, y que te puedes cruzar con Jacobo Fitz-James, Elena Ochoa Foster o Beatriz de Orleans. Pero no deja de ser un lugar inhóspito en un sitio alejado de todo –Ifema‒ donde se amontonan habitaciones con falsos tabiques –las galerías‒ llenas de objetos inútiles –obras de arte‒.

……………..(Puede leer el artículo completo en nuestra edición impresa)

@martadelriego
Superheroína del noroeste.blogspot.com

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