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01 abr 2017

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Saber caerse

Marta del Riego Anta

Si me preguntan qué envidio de las habilidades de Martín diré que su capacidad para caerse. Paseamos con su patinete y, más o menos, cada quince minutos se cae. Vamos al parque y se cae. Corremos al colegio, porque siempre vamos tarde, y se cae. Pero casi nunca se manca. Ejecuta una especie de ágil pirueta, siempre con los brazos por delante, la cabeza hundida y la espalda doblada. Y lo que tenía todo el aspecto de acabar en el botiquín con litros de Mercromina o metros de vendas, termina en risas o como mucho en un ceño fruncido. (He de decir, aunque me tachen de madre desnaturalizada, que me encanta verlo caerse).
Aprender a caerse es fundamental. No solo sirve para hacer paradas de fútbol o tirarse de un patinete en marcha que va cuesta abajo y sin frenos por la Cuesta de Moyano junto al Retiro –como hace Martín a menudo‒, sino también para levantarse con dignidad. En sentido literal y figurado. Aprender a tropezar, aprender a derrumbarse, a quedarse tirado en el barro. Sin mancarse. Sin que esa herida te deje un huella para siempre. Aprender a caerse significa aprender a levantarse. Caerse no es negativo per se, lo malo es no levantarse.

……………..(Puede leer el artículo completo en nuestra edición impresa)

@martadelriego
Superheroína del noroeste.blogspot.com

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