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16 mar 2017

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Los senderistas recorrieron la Ruta de las Minas en Sabero
Senderistas_posando_en_Sabero

C.D. Atlético Bañezano

Primera excursión del año 2017 y ¡qué ganas había de empezar a hacer kilómetros!
Durante enero y febrero el tiempo y otros condicionantes hacían que se hubiese retrasado y las ganas de empezar se notaron desde el primer momento en el que el ambiente era extraordinario.
Treinta y tres fueron los asistentes. Los que no acudieron por temor al tiempo se perdieron una bonita excursión que, aunque comenzó con el día nublado, luego se quedó bastante bueno y hasta cayeron unas gotas de lluvia, lo que sirvió para que se estrenaran los nuevos chubasqueros del club (solo para los socios) y que el día fuera más simpático.
El recorrido, como siempre, espléndido. La caminata viendo las minas abandonadas, o incluso algunas ya en completo deterioro o en completa ruina, sirvió para poder ver cómo se trabajaba en ellas en tiempos no muy lejanos. Cuevas, raíles, incluso vagones que los más valientes probaron para las risas de los demás, y, como siempre, fotos, fotos y más fotos que quedarán para el recuerdo.
Luego la madre naturaleza iba haciendo el resto, nieve en las montañas, pequeñas gotas de lluvia, sol, árboles, setas, animales (hasta un buitre en una roca se dejó fotografiar para deleite de los senderistas), águilas y, cómo no, el río Esla con sus pequeñas cascadas, remansos y aguas bravas donde se celebran algunas pruebas de piragüismo, hacían las vistas preciosas.
La llegada al mirador, después de una pequeña y muy suave subida, nos hacía contemplar otro paisaje diferente, entre montañas y valles, el río y la serpenteante carretera que rompía la maravillosa naturaleza, pero que también tenía su encanto a vista de pájaro, pues, cual culebra, iba rodeando los obstáculos y, desde lo alto, hasta hacía más bello el paisaje.
Poco a poco los caminantes iban haciendo kilómetros (hasta 10 tenía la ruta) y de pronto se encontraron un puente para pasar el rio. Un puente colgante, con el consiguiente jolgorio de los participantes y con las oportunas y rigurosas fotos del momento.
Y llegó la hora de la comida. Qué bien sabe el bocata en el campo, y encima con un apacible tiempo que dejó a los andarines poder disfrutarlo tranquilamente para recuperar fuerzas y volver al sendero.
Luego un café, repartiéndose entre los diversos bares existentes, uno de ellos muy típico minero y donde la simpatía no dejó en ningún momento de faltar, tanto entre algunos de los senderistas como con los propietarios y clientes del bar.
Ya en el destino, Sabero, visita al Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León. Explicado extraordinariamente por nuestra guía Ana, que nos hizo mucho más fácil la visita.
También pudimos ver vagones, máquinas de tren, vías, piedras, martillos y demás utensilios necesarios para la minería. Nuestros ojos se deleitaron con fusiles, cananas, cascos, teléfonos, barricadas y otros objetos usados en la guerra civil, que en Sabero tuvo su importancia histórica. Llamó la atención la “farmacia”, con sus camillas y sillas de la época colocadas tal y como estaban en su origen.
Y desde allí para casa; regreso tranquilo y con el “mono” de caminar quitado hasta la próxima que no tardará en programarse.

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