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01 feb 2017

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El Obispo de Astorga abogó por ofrecer esperanza mediante las noticias
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En el desayuno informativo que ofreció a los medios de comunicación el viernes 27 de enero, en torno a la festividad del patrón de los periodistas, San Francisco de Sales, el Obispo de Astorga Juan Antonio Menéndez, al que acompañaba el Vicario General José Luis Castro, mostró su satisfacción por el trato recibido desde que hace poco más de un año se hizo cargo de la diócesis y su preocupación porque “a nivel general, se están imponiendo las malas noticias, que tienen más morbo y provocan situaciones de angustia y desesperanza en las personas que las reciben”, abogando, al igual que ha hecho el Papa Francisco en el mensaje para la 51 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, por contribuir a la búsqueda de un estilo comunicativo abierto y creativo que trate de mostrar las posibles soluciones a los males que padece el mundo, favoreciendo una actitud activa y responsable en las personas a las que se dirigen las noticias que abra un camino de esperanza, basado en la “buena nueva” que es el propio Jesucristo.
“En medio de la guerra de Siria e Irak hay un río de solidaridad, afecto y perseverancia en las personas buenas que pocas veces son noticia, y darla ayudaría a mejorar la situación”, afirmó el prelado, quien también recalcó que “el amor no fracasa porque impere el odio” y animó a que los periodistas globalicen las noticias y, ante los hechos dolorosos, vean también las reacciones de apoyo, cercanía y cariño, “buscando la verdad y la limpieza, y persiguiendo la corrupción para ser más transparentes y justos, no con el fin de hundir a las personas”.
En el encuentro, D. Juan Antonio dio tanta importancia a la familia como a la escuela y los sacerdotes en la transmisión de la fe, recordando que “la iglesia no puede ser proselitista y en lo que adoctrina es en la libertad de conciencia”, y que actualmente los jóvenes tienen un desafecto hacia la iglesia debido a la presión social “porque no vende ser cristiano”, además de afirmar que uno de sus objetivos es ayudar a esos jóvenes a encontrarse con Cristo para que comprueben que “la fe católica hace más feliz a la persona, le ayuda a vivir en la verdad y a entregarse y sacrificarse”.
También aseguró que se va a reabrir el Santuario de Nuestra Señora de Fátima, en Astorga, con el fin de convertirlo en una “Casa de la Misericordia”, donde pueda acudir cualquier persona con problemas para ser escuchada y atendida, “porque hay gente muy sola en nuestros pueblos”. Estará a cargo de una comunidad de religiosas y la idea es abrirlo después de la peregrinación que organizará la diócesis a Fátima, en octubre de este año, en el que se cumple el centenario de las apariciones.
Asimismo, explicó que están trabajando en el Plan Pastoral para los próximos cinco años, basándose en la realidad social y eclesial de la diócesis, con el fin de evangelizar y ayudar a creer a las personas, dado que “la fe es un don de Dios y fruto de la libertad del individuo”, además de mantener el patrimonio cultural, creando una estructura en los arciprestazgos para que los seglares se puedan ocupar de la vigilancia de monumentos e iglesias, así como de lograr recursos para sostenerlos. Y hablando de un futuro en el que “no habrá más de 70 sacerdotes”, pedirá a los fieles que les ayuden en las celebraciones, creando unidades parroquiales, siempre bajo la supervisión de los sacerdotes, y “abriendo los domingos todas las iglesias que se pueda para que los fieles acudan a rezar”.
En referencia a la dedicación de los grupos de seglares que realizan celebraciones dominicales “siempre bajo la supervisión de un párroco”, el Vicario General agradeció su ayuda y comentó que se está tratando de darle un reconocimiento diocesano, además de ofrecerles formación y materiales que les puedan ayudar en su tarea, “porque hacen una labor callada y poco reconocida y sin ellos muchas comunidades no tendrían nada”, y con el tiempo encargarles parroquias como administradores y catequistas.
El Obispo también mostró su intención de promover el sacramento del diaconado permanente en personas casadas ‒”que tendrían una formación bíblica, teológica y moral durante cuatro años, podrían administrar algunos sacramentos y serían de gran ayuda”–, potenciar la organización de parroquias e intentar “que la iglesia sea la última en marcharse de los pueblos”. Y concluyó con una mirada de optimismo hacia el futuro “porque aunque estamos viviendo una fuerte secularización en Europa, creo que está cambiando a pasos agigantados y los inmigrantes están ayudando a que sea diferente”.

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