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30 may 2016

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Del agua rumorosa al agua serenada
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Antonio Colinas, Premio Reina Sofía De Poesía

Iberoamericana

Luis P. Carnicero
Dos noticias gozosas nos llegaban, casi al mismo tiempo, sobre Antonio Colinas. Una, la aparición de su nuevo libro, “Memorias del estanque”, editado por Siruela, y otra, la concesión a toda su obra del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, convocado conjuntamente por Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca.
Y ambas noticias vienen a proclamarse como una sola: la enorme aportación que ha ido haciendo este bañezano universal a la Poesía, al Ensayo, a la Traducción, a la Novela ‒al Arte y a la Cultura‒ siempre con una inspirada vocación y una clara honestidad que han alcanzado una inusual madurez creadora.
Unos setenta libros en su haber han edificado una figura y una obra de personalísimo lenguaje: humanista, comprometido, trascendente… y Antonio ha recibido el Premio, considerado como el Cervantes de la Poesía, “emocionado y sorprendido”, viajando, trabajando, como es propio en él. Porque su trayectoria literaria y vital ha estado marcada por el esfuerzo, la humildad y una independencia que agiganta aún más su singularidad y que se refleja de manera sorprendente en su última publicación. En ella, Antonio dialoga con un idealizado estanque, que es isla en la isla, y le pregunta por su vida, por su pasado, esperando que le ayude a desvelar su memoria. Y con este fingimiento nos entrega una valiosísima “autobiografía del alma”.
“Yo fui un niño muerto. El agua me devolvió a la vida. Ardía el aire de agosto y ardía mi cuerpo a causa de la fiebre. Me humedecían los labios levemente con un algodón. Pero no bastaba: el cuerpo no respiraba”. Este comienzo conmovedor de “Memorias del estanque” nos habla, nos resume la inspiración de toda una trayectoria literaria y de toda una vida. Porque se puede decir, sabiendo que simplificamos, que el agua, que también es símbolo, y la respiración, que sobre todo es música, son el hilo conductor y acaso las claves de la Poesía de Colinas, quien en este último libro funde agua y sueños ‒con palabras de Bachelard‒ y nos confía la esencia y el latir de su creación y de su vida.
Agua y respiración. Mezcla de ritmos. Mezcla de fuentes. Tiempo de mansedumbre y tiempo de abismos. El agua, río que no cesa, acaso fluir que le ha llevado en la vida, que fue rumor sentido por el poeta en nuestras riberas, en la luz, ahora es agua serena en la que encuentra espejo para emprender un viaje interior. En él recorre sus días de infancia en nuestra tierra ‒cuánta Bañeza hay en estas cuidadas páginas‒, su nacimiento a la poesía y al amor, su etapa adolescente en Córdoba, su estancia en Madrid, su periplo de Italia, su constante relación con Ibiza y su acertada elección de Salamanca como centro desde el que ha irradiado una comunicación, y un entendimiento, con otras culturas como Oriente e Hispanoamérica.
Agua y respiración. Mezcla de géneros. Verdades. Símbolos. Cimas. Respirar, meditar, son los nexos con los que Colinas se ha entregado siempre al contemplar, extrayendo del latido de los espacios vividos una visión nueva. Es la del viajero que siempre ama el lugar y se queda. Pero estas memorias nos han de sorprender aún más porque, en un sincero acto de desgarro, se nos muestra un Paisaje habitado por figuras relevantes de la creación, del pensamiento, de la pintura, que han formado parte de su vida; y tienen el valor inusual de que el poeta nos descubre no sólo sus raíces vivenciales sino las claves ‒personas y cosas‒ de su universo literario y de su experiencia, y de su acercamiento a la sabiduría: “amor y pedagogía”. Vida y conocimiento.
Post scriptum. Cierro los ojos, en una suerte de “no saber” sanjuanista, tan intrínseco a tu poesía Antonio, con silencios de piedra, con silencios de fuego, observando la cubierta de “Memorias del estanque”. Intento entrar como he hecho otras veces, como he escrito otras veces, en tus propios ojos y se me aparece, como si fuera noche ardiente, un cuadro vivo, misterioso, impresionista, morado por hojas, ¿o son ojos?, oscuro de algas, azul de isla, que me llevan hasta Monet, hasta la esencia de las cosas, hasta la palabra que desaparece para ser forma, materia pura. Escribo ahora contigo, Antonio, felicitándote desde “El Adelanto”, tan querido y nuestro, en nombre de los bañezanos, en la luz de nuestra tierra y en la sangre, desde la pincelada vibrante a la caricia contenida: desde el agua rumorosa al agua serenada.

 

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