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23 Dic 2011

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Nicolas Benavides Moro

Felipe Fernández de Mata.
Nicolás Benavides Moro nació en La Bañeza el 7 de noviembre de 1883 y falleció en Madrid el 23 de noviembre de 1965. En marzo de 1928 contrajo matrimonio con Gloria Fernández Fernández Núñez, hermana de mi abuelo paterno Manuel.
De la mano de nuestro Cronista Oficial, Conrado Blanco, podemos recordar que Nicolás ingresó en la Academia de Infantería en 1899, y en 1912 en la Escuela de Estado Mayor, de la que salió con el número uno. También se doctoró en Derecho en 1926, versando su tesis sobre “La Colonización y el Acta Torrens en el Norte de África”, que fue premiada y declarada de utilidad pública por el Ministerio del Ejercito. Desarrolló una destacada actividad cultural; formó parte de varias comisiones geográficas en Argelia y Marruecos; rector de la Sociedad de Estudios Internacionales; organizador del Servicio Histórico Militar; miembro de la Sociedad de Antropología y, desde 1942, académico de la Real Academia de Ciencias, Bellas Artes y Nobles Letras de Córdoba. Durante la guerra civil  vivió en Madrid y, tras el fracaso de la sublevación del Cuartel de la Montaña, Nicolás se refugió en una Embajada. Cuando falleció pertenecía al Patronato de la Biblioteca Nacional del Ministerio del Ejército. Estaba en posesión de varias condecoraciones nacionales y extranjeras. Autor de varias obras, entre ellas: “Supervivencia de Napoleón en la guerra moderna”, “Acción de España en Marruecos”, “Biografía del Capitán General Don Joaquín Blake, fundador del Estado Mayor español”. Publicó varios libros de poesía: “Momentos”, “Luz en el misterio”, y otros. Fue uno de los artífices de la creación de la “Casa de León” en Madrid y su primer Presidente.
En los años veinte proyectó el ferrocarril León/Bragança, del que también fue acérrimo defensor el farmacéutico de Madrid Vicente Fernández Alonso. Realizó también un proyecto de urbanización racional del pueblo (“…debe cesar esa costumbre tan castellana de que cada uno construya su casa donde y como le dé la gana”).
En 1948, unos albañiles que hacían obras en la Iglesia de Santa María de La Bañeza descubrieron dibujos en las paredes de la bóveda de la nave central. Se avisó a Nicolás y a Luis Vigal, quienes penetraron por un boquete y comprobaron que se trataba de un artesonado mudéjar. Nicolás publicó un artículo titulado “El artesonado de La Bañeza” en la Revista “Archivos Leoneses”, de Enero/Julio de 1953.
La labor más desconocida está sin publicar: Franco le encargó en febrero de 1944, cuando Nicolás era Coronel y Director del Servicio Histórico Militar, que escribiera la historia completa de la Guerra Civil y lo hizo. Previamente  Nicolás, en febrero de 1943, ya le había enviado a Franco el Primer volumen de la historia militar de nuestra guerra de liberación.  Cuando toda la obra estuvo concluida, Franco la leyó, y  tras hacer correcciones a mano sobre el manuscrito, lo pasó al Archivo Militar de Toledo. Allí estuvo en una caja fuerte como materia clasificada, hasta que en 1996, a los 60 años del comienzo de la guerra, se desclasificó y un periodista contó la historia en el periódico El País.
Yo  conocí bien a Nicolás y visitaba con frecuencia al matrimonio en su casa de la calle Goya 61, en Madrid. Me profesaba cariño especial y, cuando nos reuníamos, charlábamos con mucho interés sobre etnología o los primeros pobladores de la Península, temas en los que era una autoridad. Muchas veces contaba algo y no recordaba los nombres. Preguntaba entonces a Gloria su esposa y ésta le contestaba siempre. La memoria de su mujer era más precisa y la de él, como no podía ser de otra forma, más general.
Perteneció a una generación de personajes que vieron la luz en nuestra tierra y cuyo ámbito de actividad desbordó con creces su dedicación profesional; eran personas de conocimientos muy amplios, de formación  sólida y estudios diversos.
Su inteligencia abarcaba muchas materias y su inquietud le llevó a abordarlas sin buscar en ello el éxito profesional en esas facetas. Aquella generación fue la que yo denomino la de nuestros “Hombres del Renacimiento”, abiertos a todo, interesados en contar lo que hacían, lo que veían, lo que les inquietaba, y enamorados de la tierra en la que nacieron y con la que se sintieron siempre identificados.
Hombre polifacético, dedicó su vida a múltiples disciplinas y quehaceres, de los que no era el menor el aspecto de fotógrafo. Nicolás utilizaba una cámara “Kodak” de fuelle y con ella captó en su juventud  imágenes de La Bañeza y su comarca únicas e irrepetibles. Alguna de las placas han hecho pasar a la posteridad momentos excepcionales y lugares singulares  de la historia de nuestra comarca, que se guardaban en la memoria popular y que a través de sus fotografías se conservarán para siempre.
Sirvan estas líneas como homenaje, testimonio de respeto y admiración hacia un excelente fotógrafo y uno de los mejores hombres que ha dado nuestra tierra.

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