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Rogelio Blanco Martínez: autor de Dismundo
Rogelio_Blanco
ROGELIO BLANCO MARTÍNEZ
Nacido en Morriondo de Cepeda, en 1953, ha habitado en el mundo del libro desde distintos ámbitos: editor de libros y revistas, prologuista, coordinador de proyectos editoriales y, desde el año 2004 hasta 2011, como Director General del Libro, Archivos y Bibliotecas, en el Ministerio de Cultura del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. El gobierno del PP, con Mariano Rajoy a la cabeza, le ha nombrado Asesor del Ministerio de Cultura. Fue pregonero de las Fiestas Patronales de La Bañeza en 2010. También es un autor prolífico y de inquietudes diversas, pues ha tocado casi todos los géneros a través de las siguientes obras: La pedagogía de Paulo Freire; La ciudad ausente; Pedro Montengón y Paret, un ilustrado ante la utopía y la realidad; La ilustración en Europa y en España; Zambrano; La escala de Jacob; El odre de Agar; La vara de Aarón; La dama peregrina; La honda de David; y Un día cualquiera: el diario de Edwuardo. Ha participado, además, en varios libros colectivos y es autor de múltiples artículos publicados en prensa y en revistas especializadas. "Dismundo" es su primera obra de relatos cortos.
02 marzo, 2012
He disfrutado de la lectura de “Dismundo”, porque refleja formas de vivir que muchos conocemos. ¿Qué has pretendido al publicarlo?
Todos tenemos un topos de origen, que algunos mal-denominan patria. Prefiero llamarlo matria, un lugar maternal que nutre y define. La vida de Dismundo de los Brezales se repite en cualquier espacio rural. Ese lugar existe y fue dominante hace muchos años, sobre todo en esta provincia. En cuanto pasado, es memoria. Todos estamos hechos de pasado y de sueños. En el topos rural se fraguó parte de lo que somos. Es nuestra filogenia y estamos obligados a ponerla en valor, a recordarla cordial, comprensiva y compasivamente.
Veo que valoras la humildad y la sencillez. ¿Crees que se han perdido esos conceptos?
Como valores, son difíciles de pesar, pero existen. Humilde es el que mira al suelo. La palabra deriva de la latina humus (tierra). Mirar humildemente es contemplar la tierra y reconocerla, nunca humillarse. La sencillez es no creerse más que nada ni nadie. Sencillo y humilde es quién no pesa ni pisa sobre nadie ni sobre nada, quién respeta a los congéneres y a la naturaleza. Estamos obligados a entendernos con los demás y con las cosas. En los espacios rurales se da nombre identificativo no sólo a las personas, también a los lugares y a los animales.
¿”Dismundo” es un pueblo sin esperanzas de futuro o es el lugar idílico de la infancia?
Dismundo responde a la partícula griega privativa dis- y la española mundo. Ciertamente es un cacotopos o lugar poco feliz. Los espacios rurales eran sencillos, pero cargados de dureza. De hecho, quienes han podido los abandonan. Son espacios que suman voluntades recias y rostros ajados por la intemperie y a la vez fortalecen los anhelos, la necesidad de superarse. Sus habitantes son almas dolientes en cuerpos sufridos que se adaptan a los ciclos naturales y a las inclemencias, que dependen del tiempo, pero que no se olvidan de rezar y de amar. Luego en Dismundo se puede dar lo mejor y lo peor, la alegría y el dolor.
Sus nueve relatos reflejan ternura, solidaridad, emoción y, sobre todo, vida auténtica.
He intentado dar nueve brochazos sobre un lienzo en blanco, para  conformar un cuadro impresionista. Cada brochazo por sí solo es insuficiente, necesita al resto para darnos una idea de la realidad. Y esta realidad está compuesta por personas que viven su vida y la de los demás. Todos saben de todos, todos tienen nombre y personalidad. Nadie sobra.
¿No crees que muchos niños vivirían una infancia más feliz en “Dismundo” que con tantos equipos electrónicos y juguetes alrededor?

En la infancia rural ciertamente se compartía. No existían juguetes comprados e individualizados. Se fabricaban los elementos de juego y además exigían compañía para disfrutarlos, pero también existía la exigencia y la responsabilidad de las tareas ya encomendadas desde los primeros años. El pastoreo, el cuidar de los hermanos menores u otras obligaciones eran tareas infantiles que, por otro lado, no traumatizaban, pues cumplía realizarlas a todos los niños del pueblo.
Los juegos “modernos” lo dan todo hecho y puedes aislarte enteramente con ellos. Fomentan el solipsismo, la insolidaridad. Evitan el compartir, ¡grave problema! si se acrecienta.
¿Tendrá una segunda parte?
Estoy con nuevo lienzo y otras nueve pinceladas. La riqueza de cualquier aldea es inmensa, porque suma tradición, logros acumulados y macerados durante siglos, recuerdos,  historias y aventuras. Las gentes de “los dismundos” poseen un alma aterciopelada por amaneceres y largas veladas invernales; en sus hogares existen muchas historias que precisan rescatarlas.
Una beca posibilita que Gaudencio estudie en los curas. ¿Qué conservas de tu etapa como estudiante del Seminario de La Bañeza?
Pasé seis años en el Seminario-Colegio San José. Seis años definitivos en los que realicé los dos bachilleratos. Según un amigo, uno es del lugar donde realiza el Bachillerato. Así, mi segundo pueblo es La Bañeza. Ciertamente gracias a las becas mis padres pudieron permitirme que estudiara.
A los hijos de Morriondo, mi Dismundo, sólo nos quedaba como salida: emplearse de criados o pastores en el Páramo o La Montaña (los chicos) y como criadas en León, Astorga o Madrid, en los domicilios de abogados, médicos… (las chicas). En la década de los sesenta, empezamos a salir para internados, algunos muy lejanos.
La vida en este internado era de disciplina, pero también guardo el grato recuerdo de los paseos a las encinas de la carretera de Jiménez y las praderas de La Corneta; y, sobre todo, el afecto hacia amigos. Estos años son decisivos, pues conforman la personalidad.

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